CARTAS A KOSOVO: MITROVICA
“Llevo diez años sin poder ir a mi propia casa. Estuve en Alemania trabajando y cuando volví, tuve que irme a casa de mis padres” Aferdita Syla, tiene 35 años y es albano kosovar, vivé en Mitrovica y es la directora de la única revista con edición bilingüe en albanés y serbio que existe en Kosovo “desde hace diez años solo he andado una vez por el norte, hace poco fui a cenar con unos amigos, no se lo dije a mi madre, me habría encerrado en casa” Mitrovica antes del conflicto de Kosovo, fue una zona de fructífera minería, ahora sólo es conocida por ser, al igual que su homologa bosnia, Mostar, una ciudad dividida.
En el Norte: viven serbios, son ortodoxos, la moneda es el dinar y los anuncios están en caracteres cirílico. En el Sur: se habla albanés, se usa el euro, y los alminares de las mezquitas rompen la monotonía del caótico urbanismo kosovar. Y entremedio un río, el Ibar, y sus puentes.
Milos Drazevic lleva cuatro años trabajando para una ONG que reúne a serbios y albaneses con el objetivo de crear puentes entre ambas comunidades. La tarea no es fácil pero no faltan ganas. La ONG en la que trabaja Milos está en el sur, en la parte albanesa, y esto le provoca no pocos problemas. Trabajar con albaneses no está bien visto entre los compatriotas serbios, pero no es sólo eso.
“No soy libre en mi propio país” Milos no puede contener su indignación “¿Quién son ellos para pedirme qué me identifiqué?” Como cada día Milos cruza el puente que une Norte y Sur, y hoy un policía de Naciones Unidas, de nacionalidad rumana, le ha dado el alto y le ha pedido que le mostrara un documento que lo identificara, en el check point permanente que hay en el puente. Desde 1999, el puente es tristemente famoso por ser custodiado por los militares franceses del KFOR, –fuerzas de Kosovo de la OTAN-, y controlado por la policía de Naciones Unidas. Durante el conflicto de Kosovo, los francotiradores de ambos bandos se apostaban en ambos márgenes del río y disparaban a cualquiera que se acercara al puente.
Cuando en junio de 1999, las fuerzas de la OTAN llegaron a Mitrovica, la situación era de conflicto abierto. En ese momento, y debido a las circunstancias, se decidió cerrar el paso en el puente. Lo que debió ser una decisión temporal para proteger a serbios y albaneses, ha terminado marcando a la ciudad de forma permanente. El puente los separa.
Los francotiradores se fueron de la ciudad hace mucho tiempo, pero el miedo a cruzar el puente sigue vivo. El escaso transito es prueba evidente, solo unos pocos se atreven a cruzarlo. La presión de ambas comunidades sobre aquellos que intentan trabajar por un Kosovo en que serbios y albaneses vivan unidos es mucha. Pero eso no quita la esperanza a los pocos que siguen trabajando en ellos. La vida sigue en Kosovo.
kosovarian Puthje -besos kosovares-
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KURBAN BAJRAMI parte segunda
Bajrma es la fiesta de los niños y los dulces. De camino a casa vemos como los pequeños de la casa van en grupo a visitar a los vecinos. Todos portan una bolsita de plástico. Cuando llegan a la puerta gritan un “Feliz Bajram” que les es recompensado con caramelos y bombones. Al llegar a casa toca visitar a la familia. Vamos a casa de nuestros tíos. Nada más llegar nos dan un vaso de zumo de fresa –el zumo más dulce que nunca he probado- luego me dan un trozo de tarta y una porción de Baklava –dulce turco de miel y frutos secos- para bajarlo y una vez acabado el zumo, un vaso de té nos ayuda a diluir los dulces. La operación se repite en la casa de mis otros tíos. Mientras pienso la forma de esconder el trozo de tarta debajo de la alfombra. Los niños llegan gritando y me avisan de que el cordero ha llegado.
La costumbre es sacrificar un cordero. Y compartirlo con familiares, amigos y gente necesitada del barrio.
Un chico joven acarrea un cordero. Mi padre le tapa los ojos y le da un poco de agua.
En el suelo del jardín, que en su día fue un vergel lleno de flores de todos los colores, y ahora es un trozo de tierra helado en el que sobreviven los tres rosales, hay un agujero horadado. Es el agujero donde irá la sangre del cordero.
El cordero, aunque resignado, no parece demasiado contento con la situación. De forma torpe, intenta resistirse. Entre mi padre y el matarife lo tumban en el suelo. El joven matarife, sin demasiada ceremonia le corta la garganta al cordero. Un quejido roto surge del fondo del animal. Sus ojos parpadean intentando retener un segundo más de vida. Los niños espectadores del evento siguen comiendo sus caramelos recolectados. Mientras el cordero da sus últimas patadas al aire, los niños repiten una y otra vez “ha muerto, ha muerto”, el animal, ya sin vida, sigue efectuando de modo mecánico y a modo de estertores de muerte movimientos reflejos. Sus patas traseras se niegan a la realidad de la muerte. De pronto, la muerte. Los niños confirman el hecho “ha muerto” y ante la falta de movimiento vuelven a su labor recolectora de caramelos.
Yo sigo ahí. Miro al cordero. Pero el cordero ya no me mira, ya no parpadea.
El matarife sigue con su trabajo. Ahora agarra una pata del cordero y le hace un corte profundo. En un ataque de canibalismo, acerca su boca al corte y empieza a soplar. El cordero todavía humeante, empieza a hincharse como si de un globo se tratará. El matarife solo intenta simplificar su trabajo a la hora de arrancar la piel al cordero… mete aire entre su piel y los musculos, después todo será más fácil.
Despellejar a un cordero es más trabajoso de lo que parece. El matarife se toma su tiempo. Con precisión de cirujano, va haciendo cortes que le ayuden a sacar toda la piel de una vez. Poco a poco el cordero queda desnudo. Su lanuda ropa queda tendida en el suelo. Y él colgado de un gancho va siendo despiezado sin pausa.
El cordero ha quedado reducido a un montón de bolsas de plástico, mi hermano las reparte entre familiares y conocidos. Mi madre se encarga de limpiar el improvisado matadero. El matarife limpia su instrumental... Y se va.
Mientras tanto, las visitas siguen entrando en casa. Todas son bienvenidas y recibidas con un vaso de zumo y una selección de dulces. A los hombres se le ofrece tabaco. La vida sigue en Kosovo.
kosovarian Puthje -besos kosovares-
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IN.PRESIONES 4.2
¿Cómo es Kosovo? ¿Cómo os imagináis Kosovo?
Yo ni tan siquiera me imaginaba Kosovo. Lo único que tenía más o menos claro es que era un país musulmán, signifique lo que signifique esto.
Antes de venir, no tuve demasiado tiempo de hipotizar, me imaginaba una especie de Marruecos europeizado, pañuelos en las cabezas de las señoras de cierta edad, alguna que otra barba larga y poco más.
Pensaba en una Marrakech en plena Europa, no sé que esperaba, la verdad. Algo oriental dentro de Europa, moros blancos como los llama mi prima de trece años, un extraño concepto por definir.
Kosovo me está sorprendiendo porque no es nada de esto, es un país europeo, pobre pero europeo, con Euro, con mezquitas en el firmamento, y escotes de vértigo en chicas vestidas a la última moda de Milán, con cervezas musulmanas de baja graduación y rakía –aguardiente local- que te hace crecer pelo en el pecho.
Un país de contrastes, ciudades olvidadas por los urbanistas y barrios caídos desde el cielo. Edificios inteligentes y favelas ignoradas por todos. Mayorías y minorías que no quieren entenderse y están castigados al entendimiento – o la aniquilación-, sabores del Mediterráneo con aires de Oriente y un café exquisito que no sé le olvide a nadie.
kosovarian Puthje -besos kosovares-
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